Batalla de Trafalgar Caños de Meca

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Así se denominó una de las más grandes batallas en alta mar que tuvo lugar frente al Faro de Trafalgar, en Caños de Meca, el 21 de octubre de 1805, cuando las flotas aliadas de España, al mando del almirante Gravina, y la de Francia, con Villeneuve al mando, se enfrentaron a la armada británica del almirante Nelson, cuya vida perdió en estas aguas.

Eran tiempos en los que la corona española y el Imperio francés tenían buenas relaciones, Carlos IV y Napoleón estrecharon lazos, rubricados con los tratados de San Ildefonso en 1796. El objetivo de Napoleón no era otro que destruir la flota inglesa.

Ese objetivo se quedó en nada cuando tras varias batallas por el Caribe y la costa Atlántica francesa (Napoleón quería distraer a la flota inglesa para invadir Gran Bretaña) la flota franco-española se refugió en el golfo de Cádiz.

Mucho se ha hablado de esa flota, y de las causas de la derrota, unas causas cuyos datos históricos apuntan a la falta de profesionalidad de la tripulación, la poca preparación y la desorganización, unos ingredientes que contrastaban con la armada británica al mando de Nelson, un reputadísimo almirante, quien decidió bloquear Cádiz para evitar la marcha de estos buques españoles y franceses al Mediterráneo.

El 21 de octubre, a primera hora de la mañana la flota franco-española se encontró con la flota británica frente al faro de Trafalgar. Los primeros cañones empezaron a sonar, los 27 navíos británicos, por un lado, los 33 hispano-franceses, por otro. La nube de humo y el olor a pólvora se hicieron dueños del lugar, una mala maniobra de Villeneuve separó la línea de los buques aliados y Nelson pudo batirlos a sus anchas. Solo algunos pudieron huir y poner rumbo a Cádiz.

En honor a la historia, y en honor a los marineros españoles y franceses, la historia ha dejado palabras de elogio para ellos. Ninguno se rindió, o consiguieron huir o murieron en batalla, 3.400 muertos y 2.500 heridos en el bando aliado por 449 muertos y 1.241 heridos en el bando británico, uno de ellos Nelson, que, víctima tal vez de su arrogancia, observaba desde el puente de su navío, el Victory, la batalla con todos sus galones en la casaca, un detalle que no pasó desapercibido para un francotirador, quien disparó al almirante más laureado de la corona británica, hiriéndolo de muerte.

Nelson había ganado la batalla de Trafalgar pero había perdido la vida. Su cuerpo fue trasladado a Gibraltar, y de allí a Londres, para ser enterrado en la catedral de San Pablo.

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